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Un lenguaje compartido: la identidad latinoamericana como forma de diseñar

Foto del escritor: Coronel Associates
Coronel Associates
29 jul
3 min de lectura

Nuestra identidad arquitectónica no nace de repetir una imagen, sino de combinar raíces, experiencias y conocimientos para transformar cada lugar sin borrar su esencia.


Una identidad que se construye con el tiempo


La identidad de un estudio no aparece en su primer proyecto ni se encuentra en una forma que pueda repetirse. Se construye con el tiempo: en las decisiones que permanecen, en los errores que enseñan y en las personas que incorporan nuevas maneras de comprender el espacio.


Los proyectos pueden cambiar de escala, materialidad y expresión sin perder coherencia. La identidad no está en que todos se vean iguales, sino en la manera de abordar el contexto, integrar arquitectura e ingeniería y diseñar para quienes realmente habitarán los espacios.


Lo latinoamericano no es una fachada


No existe una única arquitectura latinoamericana. La región está formada por múltiples geografías, culturas y tradiciones. Precisamente por eso, su identidad no puede reducirse a colores, arcos, texturas o materiales específicos. Instituciones como UNESCO y MoMA describen la arquitectura latinoamericana como el resultado de numerosas capas históricas, intercambios culturales y respuestas creativas a procesos de transformación social y territorial.


Quizás allí se encuentra su verdadero valor:


La identidad latinoamericana no ha consistido en conservar formas puras, sino en aprender a crear algo propio a partir de la mezcla.


Su arquitectura ha sabido recibir influencias externas, reinterpretarlas y hacerlas responder a realidades locales. En Quito, por ejemplo, la arquitectura histórica surgió de la síntesis entre modelos europeos, técnicas locales y conocimientos indígenas. La mezcla no fue una pérdida de identidad: fue el origen de una nueva.


Lo latinoamericano aparece entonces en una actitud frente al diseño:


  • Adaptar antes que imponer.

  • Transformar sin borrar.

  • Convertir las restricciones en oportunidades.

  • Reconocer que el clima, el paisaje y la vida cotidiana también diseñan.

  • Entender que habitar no es solamente ocupar un espacio, sino relacionarse con otros.

Espacios para vivir juntos


En gran parte de nuestra cultura, la casa nunca ha sido únicamente refugio individual. También ha sido encuentro, conversación, celebración y vida familiar.

Por eso adquieren tanta importancia los patios, corredores, terrazas, balcones, accesos cubiertos y espacios de sombra. No son elementos decorativos: son umbrales que conectan lo íntimo con lo colectivo y el interior con el paisaje.



La arquitectura vernácula latinoamericana demuestra que los espacios, materiales y sistemas constructivos nacen del conocimiento profundo del entorno y reflejan diferentes maneras de habitar. En la obra de Rogelio Salmona, esta identidad se expresa mediante espacios colectivos y una arquitectura que busca transformar el lugar, no simplemente modificarlo.


Esa puede ser una de las enseñanzas más vigentes de nuestra arquitectura: un edificio no pertenece al lugar solamente porque utiliza materiales locales, sino porque comprende cómo viven sus habitantes.


Traducir nuestras raíces en Florida


Diseñar en Florida no significa trasladar literalmente las formas de Latinoamérica. Significa traducir sus principios.

La sombra puede convertirse en profundidad de fachada. El patio puede evolucionar hacia una terraza protegida. La relación con la vegetación puede incorporarse mediante balcones, recorridos y espacios intermedios. La vida compartida puede organizar la vivienda incluso dentro de programas más compactos o verticales.


Todo debe responder, al mismo tiempo, al clima subtropical, los huracanes, las inundaciones, los códigos de construcción y las particularidades urbanas de cada ciudad. Las raíces aportan sensibilidad; el nuevo contexto exige precisión.


La evolución de Coronel Associates


En los proyectos de Coronel Associates se percibe una evolución, pero no una ruptura.


Las primeras exploraciones presentan gestos más directos: cubiertas protagonistas, composiciones horizontales, accesos claramente definidos y una conexión inmediata con el paisaje tropical. Con el tiempo, ese lenguaje adquiere mayor profundidad y complejidad.



La cubierta se convierte en sombra.El patio se transforma en terraza.La horizontalidad de la vivienda comienza a desarrollarse verticalmente.La materialidad deja de ser un acabado y pasa a organizar los volúmenes.La fachada ya no es una superficie, sino una sucesión de capas entre transparencia, privacidad, luz y vegetación.


Los proyectos cambian porque también cambian el equipo, las experiencias, los clientes y los desafíos. Pero permanecen ciertos principios: claridad compositiva, integración técnica, relación con el contexto y búsqueda de espacios humanos.


Una identidad construida entre todos


La arquitectura no nace de una sola voz. Cada arquitecto, ingeniero, diseñador, colaborador y cliente añade una perspectiva distinta. La identidad del estudio surge cuando esas diferencias no se eliminan, sino que encuentran una dirección común.


Ser latinoamericanos no significa diseñar mirando permanentemente hacia el pasado. Significa reconocer lo que nuestras culturas nos enseñaron sobre comunidad, adaptación, clima y territorio, y utilizarlo para responder a los desafíos contemporáneos.


Nuestra identidad no es una fórmula terminada. Es un lenguaje que continúa evolucionando con cada proyecto.

Porque, al final, la identidad arquitectónica no es solamente lo que repetimos. Es aquello que, incluso mientras todo cambia, decidimos no perder

 

 
 
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